HUMO

La primer bracita me trae un humo débil, no es gran cosa, pero me da esperanza.

Le pego una pitada más fuerte: apuro las emociones, me lleno el pecho.

La tercer bocanada es más larga, más urgente, arde en la garganta: necesita salir.

Entra el humo. Sale el humo; vuela, baila: del placer queda el recuerdo.

Desde el piso observo la coreografía final. El desengaño de lo efímero, la estupidez del riesgo inútil.

La última bracita me quema los dedos. Que empeño más boludo, pienso, y ya quiero que me vuelva a llenar el pecho.

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