La Isla de «Los Mástiles»

dicen los isleños
que hace mucho tiempo
aquí enfrente nomás
/casi en el patio de mi casa/
el Paraná arrugó su lomo
cuando un buque petrolero
impactó contra una barcaza

un banco de arena
hábilmente agazapado bajo las aguas cenagosas
había detenido el trajinar herrumbroso
de la barcaza «Plaza Libertad»

la barcaza clavó la quilla en la arena
y se recostó de babor
bajo la oscuridad de una noche sin luna
y a la vista de unas pocas estrellas

un buque petrolero
/tres veces el tamaño de la barcaza/
apareció de pronto por estribor
y le hincó los dientes en su casco

dicen los isleños
que la barcaza se retorció de dolor
soltando un largo lamento
de remaches viejos
los mástiles temblaron bajo el cielo
dormido y opaco
el capitán y los tripulantes salvaron el prestigio
arrojándose al río

dicen los isleños
que la barcaza suspiró
momentos antes de hundirse
momentos antes de desaparecer bajo las aguas lentas
del remanso
allí cavó su tumba en la arena
allí mordió el polvo
como un gladiador romano herido de muerte

dicen los isleños
que después el río arrojó su espuma
y sus remolinos
sobre la barcaza
se abrazó a su casco partido como queriendo abrigarlo

con el tiempo
/sobre la tumba aún caliente del naufragio/
el limo encontró su lugar en el mundo:
removió los huesos retorcidos y oxidados
de la barcaza
y se asentó en el casco
a salvo de las correntadas

dicen los isleños
que un día
los mástiles volvieron a emerger
/erectos y firmes como un par de falos/
de las turbias aguas del río

allí donde antes solo había arena y soledad
/donde las iguanas asoleaban la pereza los días de calor/
ahora aparecieron los sauces
que estiraron sus raíces
en las entrañas firmes de una isla nueva

allí donde antes solo había agua y soledad
ahora aparecieron los espinillos
que minaron el terreno
con sus esquirlas filosas

dicen los isleños
que en las copas verdes que desplegó el ceibo
anidan las alas migratorias de un ave
que cada verano llega desde Canadá
a beber la sangre dulce
de sus flores

cada tanto
dicen los isleños
cuando aflojan las lluvias
el Paraná se repliega y se ausenta una temporada
entonces asoman sus crestas
los mástiles de la barcaza
como recordando que una muerte
/por cierto tan horrorosa/
originó tanta vida

Acerca de Gustavo Reyes

Gustavo Reyes nació en Los Ángeles, Estados Unidos, en 1974. Hijo de padres argentinos, se radicó en Rosario, Argentina, en 1984. Fue Asistente de Producción de la revista literaria “Ciudad Gótica” y Pro-Secretario de la S.A.D.E. (Sociedad Argentina de Escritores- filial Rosario). Colaboró en distintos medios gráficos, en ciclos de lectura, programas de radio y televisión. Actualmente es el editor del portal de Internet “Literatura de Rosario” (http://www.literaturaderosario.com.ar). Ha publicado los libros de poemas Fusión (con prólogo de Roberto Fontanarrosa, 1994), La soledad del silencio (1995) y Poegramas (1998). En narrativa ha obtenido numerosas distinciones, entre otras, el Primer Premio Provincial “Mateo Booz” (1996), otorgado por la A.S.D.E. (Asociación Santafesina de Escritores), por el cuento “El silencio árido de la Puna; el Segundo Premio Virginia Woolf (2009), otorgado por el Instituto “Olga Cossenttini”, por el cuento Der Schatten Hersteller (con un jurado integrado por los prestigiosos escritores Alberto Lagunas y Jorge Isaías), la Mención Honorífica en el Concurso de Cuentos de Terror “Mundos en Tinieblas”, por el cuento Hombre de Palabra (2009), organizado por Galmort Ediciones, e integrando luego la 2ª Antología Mundos en Tinieblas; la Mención de Honor en el 2º Concurso de Microrrelatos, del Diario El Popular, de Olavarría, por el cuento Obsequios Reales, con un jurado precedido por Ana María Shua, etc. Obtuvo recientemente el 3º Premio en el Concurso Mundos en Tinieblas 2011 por su obra "La habitación vacía", la Mención de Honor en el Concurso de Cuento y Poesía 2011, de "Ediciones Ruinas Circulares", por el cuento "La muerte de Osama" y la Recomendación del Jurado, en el VII Certamen NACIONAL de Poesía y Cuento Breve 2014 de la misma editorial.
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