El mar en ella

La saliente del mar rompía en mi boca tarde a tarde,

sal y llamados acudían presurosos al encuentro y

lloraban vuelos de gaviotas en mi cien.

La arena esquivaba sus pies heridos de atardeceres

que sangraban en soles que dormían en el agua y

lujuriosas caracolas hacían de su cuerpo, fulgurante destino.

Una brisa a cuerpo y ternura configuraba su huella y

la hacía memoria en los ojos angustiados de la noche

que temía, que una vez que me abrazara, se hiciera día en

el medio de vivir.

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