ROSARIO, LA CIUDAD PUEBLO

La verdad que no conozco muchos personajes famosos que rindan tributo a su lugar de nacimiento. Tampoco noto que gente de otras partes tengan un sentimiento de pertenencia por su ciudad tan importante, capaz de excluirse de la provincia donde está ubicada. Mucho menos, estando en el exterior que la presenten como lugar de providencia, como si fuera otro país “¿De dónde sos?; de ROSARIO, Argentina”.

Pareciera que todo el tiempo estamos intentando resaltar, mostrarnos como únicos e irrepetibles, y generar una curiosidad en los demás que provoca querer conocer Rosario. Un claro ejemplo se da en relación al fútbol, pasión que nos caracteriza de un modo lamentable últimamente, cuando uno está de vacaciones en cualquier parte y se encuentra con otro argentino de una provincia o ciudad distinta, una pregunta obligada que nos hacen es “¿Es cierto que en Rosario son muy enfermos de Central y Newell’s?”, lo que lleva a una respuesta unánime “sí, es tremendo, ya ni un clásico amistoso se puede jugar, están todos locos”.

Otra particularidad que nos simboliza, es que estando fuera de la ciudad tendemos a comparar absolutamente todo. “Rosario es como el barrio más lindo que tiene Capital Federal; Córdoba no sé si es más grande, pero más linda seguro que no; Santa Fé no puede ser la capital de la Provincia porque te cagás de calor y te comen los mosquitos; Barcelona es muy parecida, pero tienen el mar que es lo único que nos faltaría; las esquinas y calles de París son como la zona de la Aduana y la intersección de Mendoza con Laprida; los parques tienen tintes londinenses e italianos con llanuras muy verdes, algunas fuentes y caminitos; somos una ciudad gay friendly como Amsterdam”.

Somos poco más de un millón de habitantes, pero no importa a donde uno viaje siempre se encuentra con un rosarino, es como si fuéramos 400 millones en realidad, una especie de plaga que se propaga por todo el mundo, un fenómeno rarísimo que todavía ningún científico se dispuso a investigar, cómo es posible que en el lugar más recóndito del planeta siempre aparezca un rosarino que se encuentra con otro.

Rosario es una ciudad pueblo en la que se mantienen muchas costumbres, tendencias y quilombos dignos de cualquier pueblo del país. En los barrios todos saben cuál es el quiosco carero y el que te vende alcohol a cualquier hora, la vecina que siempre jode con los ruidos molestos y la vereda limpia, el chanta que anda en algo turbio pero no se sabe bien en qué. La famosa ley del triángulo se cumple a la perfección, porque todos tenemos un amigo que conoce al “desconocido”, que deja de serlo cuando nos enteramos que es el primo, hermano, novio o conocido de alguien.

Es imposible pasear por peatonal Córdoba un jueves a las 6 de la tarde y no cruzarte con alguien de tu entorno, o salir a correr, caminar por el parque España y no ver una sola cara familiar. Hay lugares donde uno sabe con quién se puede encontrar, ya sea para evitarlos o generar el encuentro. Sin dudas que los boliches son el ejemplo más concreto. Desde que uno comienza a ir a bailar, va pasando por distintas discos como si fuera un ciclo escolar, donde se pasa de etapas, e inclusive es como si nos moviéramos en masa porque, algunos antes y otros después, terminamos encontrándonos en los mismos bares, pubs o discotecas.

“Pueblo chico infierno grande”, es una frase típica que nos describe a la perfección. Todos saben quien anda con quien, de qué cuadro es, a qué club va, en que ámbito se mueve, cuál es el grupo de amigos y dónde es probable encontrarlo/a. Pareciera que lleváramos incorporados un GPS a todos lados, o la cuenta de Facebook abierta en la espalda con la información disponible para cualquiera que pretenda saber algo de nosotros.

Rosario es una ciudad muy interesante para cualquier turista que tenga ganas de comer, beber, divertirse, pasear, tomar sol en la playa, ir al río, ir a tomar mates a los parques, jugar al fútbol, desestresarse de los problemas de las distancias porque en 20 minutos se llega a destino. Pero sobre todas las cosas los rosarinos somos atractivos, porque llevamos un gen que nos caracteriza, nos hace distintos e inentendibles, odiosos y queribles al mismo tiempo. No sé si Rosario es la mejor ciudad para vivir, pero para un rosarino no hay nada mejor.

Acerca de Ignacio Pellizzon

Periodista, apasionado de la política y la escritura. Organizador del TEDx Rosario 2011. Fiel a MI BLOG: http://www.sabernopuedeserunlujo.blogspot.com.ar/
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