La inocencia de Benjamín

Roxy, se subió a la bicicleta rumbo a la escuela a buscar al más chiquito que estaba en el Jardín de Infantes, todos los días corre carreras al reloj, diría que si su actividad diaria se midiera en la escala del uno al diez, seguro que a ella le mediríamos mil.
Decía, que se montó en su bicicleta, pero antes se puso el teléfono móvil en su bolsillo, por si alguien la llamaba, cosa que se da por sentada, pues tiene muchas amigas y siempre alguna tiene algo nuevo que contar, llorar o hacer y son todas para una y una para todas.
Y allá salió muy oronda pedaleando en busca del más pequeño de sus hijos, con muy mala suerte porque el bolsillo de su campera, demasiado chico no quiso sostener su celular y lo tiró al medio de la calle, escuchó el ruido y cuando paró para volver sobre sus pasos a buscarlo sintió que se le estrujaba el corazón viendo como el auto que venía atrás lo mordía con su rueda, lo expulsaba y brutalmente lo daba contra el cordón de la vereda, dejándolo herido de muerte, con derrame de memoria, muerte que recién comprobó cuando no recibía ninguna llamada.
Llegó a la escuela, subió al hijo al asiento especialmente puesto para el en la parte posterior de la bici y decidida a hacer limpieza en su casa (limpia sobre lo limpio), volvió acongojada por la importantísima pérdida de su teléfono.
Abrió la puerta de su casa, tras la que estaba Doqui, su perrito, esperando a que alguien tardara en entrar y así escaparse a la calle, única manera que tenía para darse la vuelta a la manzana y por supuesto así ocurrió.
Aprovechando que los tres hijos estaban muy tranquilos merendando y mirando televisión comenzó con su limpieza. De pronto lanzó un alarido (muy típico en ella),
-Agus, Facu, vengan para acá…. -sin siquiera respirar y subiendo más el tono siguió- ¿Quién me rompió el micrófono de la computadora?-
Realmente estaba bien roto, con los cables arrancados, la goma espuma de la punta tirada…los dos se acercaron mirándose el uno al otro, con cara de yo no fui, esas mismas palabras brotaron al unísono: -Yo no fui…- Ya estaba enojada por la muerte, velatorio y entierro de su teléfono celular y ahora se encontraba con esto.
Roxy ya estaba curada de espanto con esos diablitos, por lo que no les creyó nada y vociferando, conteniéndose como si tuviese un chaleco de fuerza que no le permitía moverse, volvió a la carga:
-Díganme quien fue, porque si me entero yo sola les parto la chinela en el trasero-
Ahí entró en escena el más pequeñín, (cuatro años)
-Yo no fui mamá-.
-Nadie fue- acotó cada vez más enojada- Quiero saber quién fue-
Escuchó la pregunta del chiquitín, – ¿Si yo te digo que fui yo, me pegás?
A lo que ella tratando de sostener y arreglar los pedazos del micrófono, sin pensar contestó:
-Si, te doy con la chinela en el culo
Entonces el dándose media vuelta, alzó un hombro y saliendo al patio a jugar le contestó:
-Entonces… no te digo que fui yo…..-

Susana Beatriz Fondado

Acerca de Susana Beatriz Fondado

Mi nombre es Susana Beatriz Fondado, con estudios secundarios, amante de la lectura y la escritura, pude acceder a talleres literarios por internet; para mejorar el modo de expresión. Todo lo que he escrito hasta ahora está en mi blog http://selenitasusyblogspot.com. Tengo publicados algunos escritos como colaboradora de Revista Literarte. Lo demás, todo flota por la web
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Una respuesta a La inocencia de Benjamín

  1. Los chicos tienen esas cosas que nos dejan desarmados, como al celu o al micrófono. Jajajaaaa

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