Ya no me gusta el azúl

Eran las cinco de la mañana, no hacía tanto frío y sin embargo iba a hacer.

Un auto, algunas cuadras y un portazo después el frío se sentía bastante más. Nunca deja de sorprenderme a pesar de que se vuelve cotidianidad la constancia de todos los que estaban ahí, en realidad no la de todos.
Ver las mismas caras de siempre, el cansancio de un puñado de días que por la intensidad que se viven y se sienten se transforman en meses enteros cada uno por separado, las mismas caras que a pesar de eso procuran sacudirse ese cansancio que se acumula y pesa sobre la espalda para que cuando haya que aguantar no se note ni un poquito.
Pasan varios minutos y varias cosas, ya hay fuego quemando lo que le caiga encima y adelante de eso voces, voces que ya cantan fuerte. Cruzando la calle también aparecen luces, pero estas son azules y artificiales, se prenden y se apagan mas molestas que nunca, abajo de esas luces las mismas caras de siempre también pero que llegan ahí por un motivo bastante distinto.
Hay tensión y es imposible desentenderse de eso, los policías que están enfrente caminan en círculos y se frenan mientras hablan entre ellos y miran de reojo este otro lado de la calle y de la vida, porque no es gratis elegir calzarse un palo y un escudo y esperar que te avisen cuando tenes que pegar sin hacer preguntas porque ese es tu trabajo. Un trabajo que parece volverlos mas salvajes y se les nota en las miradas, en los gestos, sobre todo de los que empuñan las armas y los escudos esos tipos se relamen esperando para moler a palos a los que están enfrente.
Del otro lado las cosas son mas improvisadas de a poco se siente el avance de aquellos desde antes que crucen la calle y contra eso la respuesta es cantar y quedar juntos, lo mas que se pueda formando una linea y otra atrás para que cuando se vengan no nos pasen por arriba. Porque cruzar van a cruzar la calle, total los separan cinco o seis metros y se mueren de ganas por cruzarlos. Los jefes van y vienen ordenando todo, de este lado nadie ordena porque cada uno sabe que lo importante es no darles motivos para que peguen como quieren pegar, se susurran palabras de aliento y hay sonrisas nerviosas.
Ahora nos separan escasos centímetros y les puedo ver las caras, sobre todo los ojos. Nunca vi una violencia tan silenciosa y tan evidente, las caras de piedra pero los ojos brillando terribles.
Deciden avanzar y nos toca resistir, somos más pero ellos tienen las armas y las ganas de usarlas, saben que no pueden llovernos a palos como lo quieren hacer así que se limitan a lanzar cobardes golpes desde atrás de los escudos que buscan y a veces encuentran a las mujeres que valientes resisten y no les regalan ni un metro a mientras ellos arremeten. Esa forma de actuar de ellos, su evidente satisfacción cuando los dejan ser violentos y saben que pueden pegar si quieren revuelve las tripas y te da fuerzas para aguantar y hasta para empujarlos y hacerlos retroceder, aun sabiendo que es probable que te lluevan los golpes y seguro de que en un rato va a doler mas que cuando piquen, aun sabiendo que si esos tipos, esos perros te llegan a tener entre sus dientes seguro que la pasas mal, es necesario que aguantes porque no se trata en ese momento ya de un reclamo particular, de acompañar o no una lucha se trata de dos maneras de entender la vida que están completamente opuestas. Y yo no quiero nunca estar de ese lado de la vida.
Ellos vuelve a arremeter pero esta vez algo se despierta en los que hasta ese momento eran espectadores y miraban desde afuera, no se si fueron quince o mil los tipos que corrieron, de lo que estoy seguro es que en el instante en el cual empezaron a correr y se pusieron frente a la yuta para que no lluevan los palos esos tipos se transformaron en las personas mas humanas que conocí en mi vida porque conquistaron el miedo. La policía retrocedió sabiendo que ya van a tener otras oportunidades de enfrentarse y si no es acá va a ser en otro lado con otra gente, pero eso no les va a importar mientras puedan usar sus palos.
Fue una escaramuza y aguantamos, es imposible no sonreír al verlos irse aunque por dentro la certeza de que esta victoria vale menos de lo que parece y sin embargo vale está.
Ya son como las nueve y el frío es un recuerdo, el fuego ya es cenizas y casi nadie se enteró de todo esto.
Sin embargo nosotros tenemos algo más, la convicción de que existe otra manera de vivir y no solamente este sistema de mierda.
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