Sigan cómodos

¿Sabrán ellos el monstruo que crearon?
El problema no es ver las cosas, el más allá,
la última vuelta de rosca al tornillo.
Porque si hubiese una más,
se zafa la cabeza y ahí ya deja de ser útil.
Deja de ser eficiente para ser único.
La verdadera calamidad es no poder dejar de sentirlas,
¡Y encima, tener que disimular!

Ya no caben los disfraces
en ese ropero.
Por más que lo ordenes y los clasifiques.
Según necesidad o uso, manía u obsesión.
El de operario, el de comprometido,
el refinado, el sádico, el intelectual.

Esa continuidad de errores que no claudica,
de disfrazarse para esconderse entre la gente.
de escribir para y no porque.
Hasta la -no- pretensión no es mas
que una pretensión de pendeja putita que adora la pija
pero no la puede nombrar por pudor.
Se rompe el esquema cuando se rompe uno
pero con eso no alcanza más que para unos meses de terapia.
Hay que abrir la herida cicatrizada y cortar,
una y otra vez, hasta que la sangre estalle.

Is the best thing that you ever had.

¡Ay, Alejandra! Hay días que te entiendo demasiado.
Ese es el problema,
ojalá la solución.
Vos te fuiste tan lejos,
tan grande fue tu laburo de borradería
que al verte no se vislumbraba más que una silueta.
y desde allá, donde todo es nublado,
se te veía queriendo volver.
En un poema que habla de muerte
pero le crece una flor en la lápida.
Como todos, siempre queriendo volver,
matándonos en el medio, a veces con amor.
Todas las demás
con dolor.

Es espantosa la sensación.
De todas formas hay que
seducir al dolor,
cotejarlo, enamorarlo.
Hacerlo parir,
y verlo morir atormentado
Sufrir con él si es necesario,
porque luego será recuerdo,
sueño, nostalgia, nada.

 

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