LEÍ SU DIARIO

Un anochecer prematuro de Julio, nos encontrábamos tomando un café en su taller. El momento era agradable. El olor a óleo se mezclaba en el aire impregnado del frío de un invierno avanzado, que impedía que nos moviéramos de al lado de la estufa. El cuarto era pequeño y una gran cantidad de cuadros de enormes manchas de un rojo dominante, de su última exposición “Rojos” se encontraban apilados reduciendo aún más el espacio.

El momento era íntimo, pero carente de esa electricidad de una resolución romántica, sino con la complicidad de un trabajo en común, rodeado de un afecto de muchos años. Yo estaba por editar uno de mis libros, y él me confesó su secreta y frustrada vocación de escritor.

-Y… ¿de qué escribirías?, le pregunté.

De inmediato, respondió:

-De lo que más me importa: “yo mismo”.

Reímos y comentamos su respuesta. Más tarde, al terminar el café, me despedí hasta la semana siguiente.

Ya en la calle, pensé que de algún modo, todos queremos hablar de nosotros mismos, y saber qué es lo que los demás dicen o piensan. Cuando alguien muestra fotos de un cumpleaños nos buscamos y nos detenemos allí donde nos encontramos, y si figuramos en alguna carta, leemos con prisa hasta llegar al comentario que se escribió sobre nosotros.

Pero su respuesta directa, rápida, frontal, quedó dando vueltas en mi cabeza y fue lo primero que recordé cuando, pasados siete días, regresé al taller.

Lo había visto infinidad de veces, forrado de un cuero gastado por el manoseo, y poco quedaba del dorado en el que se leía con dificultad “Diario Íntimo”, entre libros de pintura, folletos y catálogos a color. Nunca antes había despertado mi interés, ¿de qué puede escribir un pintor sino de sus inclinaciones artísticas y sus frustraciones económicas? Entonces, sus palabras surgieron con fuerza…”lo que más me importa: yo mismo”.

La oportunidad apareció antes de lo previsto.

-Me quedé sin puchos, ché, vuelvo enseguida, atendeme el teléfono, ¿querés?

Cuando se cerró la puerta, tomé el volumen y lo abrí sin culpa, como si hubiera estado esperando por mí.

Las fechas se sucedían envolviendo los detalles más increíbles. Su letra despareja, pero de trazos firmes y nerviosos, describían un mundo enardecido e imposible. Febrero, junio…, la primera vez le había costado mucho, no se había sentido del todo seguro, asfixiarla había sido un trabajo duro y lento; la siguiente había sido lastimada, cortada con brutalidad, la última víctima se había resistido con desesperación y había recibido a golpes su muerte…

Mis manos temblaban, una atmósfera fría y desconsolada me tenía atrapada, era un sueño, una horrenda broma, volví a la lectura, en todos los casos había una constante: la sangre había sido extraída en su totalidad.

Volví la mirada a la colección de cuadros de vivos rojos, obras que parecían gritar pidiendo auxilio a tanto horror.

Quise escapar de allí, de esa tarde macabra, de ese siniestro espacio que como una masa viscosa me envolvía, cuando lo vi parado frente a mí. No lo había escuchado entrar.

Podría hacer como si nada supiera, pero mis manos aún sostenían su Diario.

Su sonrisa fue cálida como siempre cuando se acercó, mirándome con tristeza.

Sobre un descuidado caballete, el lienzo blanco que esperaba la mano del artista recibió la primera mancha que daría vida a una nueva obra. El genio, otra vez, estaba creando…

Acerca de Patricia Bottale

Profesora de Historia. Investigadora área de historia y literatura de la Universidad Católica de Rosario. Escritora: ensayos, antologías, narrativa y poesía. Colaboradora de revistas nacionales e internacionales. Directora de los talleres literarios de escritura en la librería El Ateneo, en el espacio de diseño y cultura“Si supieras, vida mía” y en Sancor Seguros, Broker del Boulevard. Responsable de los micros de literatura de los programas de radio y TV. Escritora de prólogos y correctora de libros. Cursos de Redacción Bolsa de Comercio, Fundación Libertad, Colegio de Escribanos (Rosario y BsAs), y Taller Literario en Patio Bullrich BsAs. Su último libro fue prologado por el escritor Marcos Aguinis, y es autora de la obra “Un lugar para Francisco”, Gala del Bicentenario.
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