Escucha las voces de sus vecinos de habitación,
como si estuvieran acostados a su lado.
Cariño, dice ella.
Cielo, contesta él.
Después, ruidos naturales,
el chirrido de los muebles,
el ruido de una lata de cerveza al abrirse.
Afuera los camiones bajan la velocidad
por prudencia en el cruce
de la 44 y la 72.
Siente como se comprimen los motores
y después como lentamente van acelerando
y se alejan dejando apenas el rumor
en una noche, el rumor que se mantiene latente
hasta que otro camión cruza la rotonda de la 44 y la 72.
Así toda la noche,
las voces de sus vecinos de habitación,
y el ruido de los camiones alejándose
presurosos hacia el oeste.
