Agonía

Juana moría de mañana. Abría los ojos. Apenas se levantaba, recuperaba la  conciencia de que el horror no era un sueño, que las pesadillas eran el alivio y las mañanas eran el espanto.

Juana moría y después, se suicidaba, respirando. Mataba en cada muerte a sus ojos verdes, secos de no creer en nada, de no esperar más nada. En cada sueño sentía el olor del velorio, pegado en cada olor de la mañana.

Juana moría, después de haber matado.

Moría en el horror de no haber sido descubierta.

¿Cómo era posible que nadie hubiese notado su ausencia?

Y no era por el pecado de haberlo asesinado, sino por esa pavorosa habilidad de haber urdido esa muerte y haberla llevado a cabo. Eficiente, así como era ella.

 

Juana moría cada mañana cuando se descubría sin culpa.

Ante el horror de su propia sangre fría.

Acerca de Lucrecia Mirad

Soy arquitecta y escritora. Dirijo y coordino el taller Laboratorio de Autor. En los veranos leemos en la Pretemporada Literaria. Escritora de novelas y cuentos cortos. Tambien incursiono en textos ensayísticos y por respeto a la poesía, ni lo intento. Batón y Poder, Fragmentos, Crimen en el Pasaje y Crónica de una Resurrección se llaman mis novelas. Tengo premios por cuentos cortos y muchos de ellos estan compartiendo antologías nacionales e internacionales. Nací en Casilda, viví en España y en Italia, y ahora en Rosario. Mi sangre árabe me hace nómade y mi sangre catalana me hace austera. Soy una alquimia de Mayo francés, hippie recargada, madre too much,compañera de mi compañero y terca. Soy tercamente optimista, por eso estoy aquí.
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