Obenke

Los tambores comenzaron a sonar cuando aún los pájaros nocturnos elevaban sus lúgubres cantos sobre las ramas  de los árboles.

Lentamente desaparecían las últimas estrellas y el sol, rojo y resplandeciente , comenzaba  a asomarse sobre la sabana africana.

El momento había llegado, Obenke  sabía que sólo unas horas lo separaban de la ceremonia, esa en que pasaría a ser un Hombre.

Por fin las mujeres podrían elegirlo para amañarse, por fin dejaría de vivir con sus padres y tendría su propia choza, por fin, sería libre.

Los guerreros jóvenes subieron a los zancos, llevaban sus polleras y brazaletes de plumas rojas y sobre sus pies de ébano, tobilleras refulgentes.

Los ancianos sabios se habían colocado las máscaras y tenían en sus espaldas las dobles cruces de la sabiduría.

Formando un círculo, todos los integrantes de la tribu aplaudían y seguían el frenético ritmo de los tamboriles.

Deseaba que la danza no terminara nunca,  sabía que, después el animal ingresaría al círculo y ya no tendría escapatoria, debería vencer o morir.

Se había preparado muchos meses para la lucha, pero sólo ahora sentía ese temblor en las piernas, los latidos le retumbaban en el centro del pecho y las manos húmedas no podían sostener el puñal.

Debía vencer, debía ser un hombre.

A sus espaldas, sintió el rugido, giró sobre sus talones y lo enfrentó.

Escuchó un chillido extraño , y un líquido caliente le quemó la piel .

 

 

Lentamente salió del sopor del sueño y vio a su madre parada al borde de su cama gritando:

¡Otra vez tuviste esa maldita pesadilla y volcaste el café que te traía!

 

 

Acerca de Renée Iris Benabentos

Docente de Literatura de Cursos Superiores de Nivel Medio.He trabajado en el Nivel Terciario. Publiqué dos libros en coautoría, en Editorial Plus Ultra. Obtuve y cursé una beca de perfeccionamiento en Literatura Española en Madrid. Escribo esporádicamente narrativa breve. Dirigí Talleres de Escritura y los cursé también. Soy una apasionada lectora.
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