Los cinco pan dulces

Cuenta el cuento, que en un pueblo, de algún lugar, estaba llegando Navidad. El pueblo era pequeño, tenía un solo almacén, el almacenero por esos días estaba preocupado porque ya era quince de Diciembre y los pan dulces no habían llegado desde los depósitos de la ciudad y la gente ya los estaba reclamando.
El alamacenero llamaba y llamaba al gran depósito de la metrópoli, pero nadie respondía, entonces él se recordó que en el fondo de su almacén habían quedado 5 pan dulces del año anterior, estarían un poco secos, pero si reunía a toda la comunidad del pueblo y se cortaban los pan dulces en fetas no muy grandes, todos podían comer un pedacito, también recordó de su infancia y como eran las navidades de su niñez, cuando todo el pueblo se reunía, o por lo menos él se lo recordaba así, a veces la nostalgia nos hace ver el pasado como un tiempo más lindo de lo que realmente fué.
La idea no era para nada mala, pero para poder organizar algo así y poder explicarle a las personas lo que pasaba, iba a necesitar la ayuda de las autoridades del pueblo, entonces primero llamó al presidente de la única industria que el pueblo tenía, explicándole la situación, el importante industrial no quiso oir nada, lo único que le interesaba era conocer la cantidad de pan dulces que había a diposición y le ofreció al almacenero diez veces más de lo que costaban, él le dijo que lo iba a pensar y la respuesta del potente presidente fué: -piénselo bién y tenga en cuenta toda la mercadería que compro siempre en el almacén-
Después de este consejo , que más se parecía a una amenaza, el pobre almacenero se dio cuenta de la tarea que le tocaba no iba a ser nada fácil, pensó entonces llamar al intendente, cuando empezó nuevamente a explicarle el problema, el intendente pensó enseguida en sus electores. Entonces intentó persuadir al almacenero con la famosa promesa de la época de las elecciones, cuando les había enfatizado las mejorías de las calles, el almacenero como se la veía venir intentó a su vez convencerlo, entonces le dijo que si él repartía los pan dulces iba a dar una mejor imagen de sí, entonces el intendente con la respuesta ya lista le remató: -La gente se conforma con cualquier cosa, por eso te encargo 10 cajas de sidra-
Volviendo a darle la respuesta del presidente (que lo iba a pensar), al almacenero ya los nervios se le empezaban a poner nerviosos, decidió entonces llamar al cura, el cuál en un primer momento le dijo que había tenido una idea formidable, pero lo mejor era organizar la fiesta en la sala parroquial, abierta a todos y seguramente quién era realmente creyente iba a estar primero, esta idea no le gustó mucho, entonces se creó en la llamada un silencio vergonzoso, mientras transcurrian esos fatídicos segundos él pensaba que por lo menos una buena parte del pueblo tendría un pedazo de pan dulce, en ese momento, el cura le remarcó: – recuerda hijo, que la generosidad es una dote del buen cristiano-
Al pobre almacenero la desilusión le crecía siempre más, no entendía nada, no sabía más que hacer; marcó entonces el número del comisario, éste le anticipó, que para mantener el orden público no tenía personal suficiente en el caso de que la gente se pusiera pesada, lo mejor sería, que los pan dulces los tuviera él bien escondidos en la comisaría, como buen investigador empezó a hacerle mil preguntas y demás cuestiones, entonces el almacenero que no era estúpido, le dijo que tenía que controlar mejor si había en su depósito realmente pan dulces, el policía le apuntó inmediatamente: -Recuerde, es mejor ponerse de acuerdo antes, para tener una buena protección-, otra respuesta que tenía sabor a amenaza.
La úlitma esperanza del almacenero era la directora de la escuela. Le contó todo y como se confiaba de la misma le reasumió lo que habían dicho las demás autoridades, ella entonces le dijo que la institución estaba dispuesta a repartir los pan dulces ecuamente, si los demás harían su parte para la escuela también, como: El industrial donaría un poco para la cooperadora, el intendente arreglaría la calle de la escuela, el cura vendrìa a dar clases gratis y el comisario cuidaría a los chicos cuando salieran de la escuela, mientras el almacenero se daba cuenta que sería imposible, si nada de esto se hacìa regularmente durante el año, menos lo iban a hacer por un pan dulce, la directora anunció: -Quién le va a decir a los chicos que no hay pan dulce para Navidad?
Al final, sin ninguna solución mejor, el almacenero destruyó los pan dulces en migajas y las desparramó en la plaza del pueblo, brindando así a las palomas una dulce navidad.

Acerca de Carlos Von Sifon

la leyenda cuenta que puede que sea un extraterrestre, bajò en una fecha no precisa en Rosario de su plato volador. Estuvo un tiempo ahi y despues desapareciò, puede ser que viva en la peninsula italica de Europa. En los tiempos del bar Fidel, se narra, una vez elevò un billete de 2 pesos a poesìa y lo leyò sin problemas ante un pùblico atònito...
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